I.
Ya es conocida aquella idea que concibe al agua como algo capaz de adaptarse, de fluir, de transformarse a su entorno. Al adquirir la forma del recipiente en el que se vierte, del canal por el que corra o de desplazarse por la superficie en la que caiga, carga con una noción de un ser-con-el-mundo armónico, que no presenta resistencia frente a aquello que se le impone. Sería injusto supeditar al agua, germen de la vida misma, a esta idea de pasividad, lo que nada exige y todo acepta, en silencio, prístina e incolora.

Por más bellas y profundas que puedan ser estas palabras, esta concepción ideal del agua no solo sería injusta, sino también errada. ¿O no es, acaso, el agua aquello que se inmiscuye entre las rocas, abriéndose paso, erosionándolas con su fluir constante? ¿No es lo que perfora y se come la tierra para ensanchar su cauce? ¿No puede una gota de agua, lo fluido y escurridizo, ser lo suficientemente persistente como para horadar algo tan imperecedero e inamovible como una piedra? Se considera al agua como lo pasivo y débil, frente a la fuerza destructora del fuego, cuando es el agua quien lo mantiene a raya. Y, ¿no son ambos indispensables para que exista la vida? Como si el agua no cubriera el 70% de la superficie terrestre y fuera capaz de tragarse islas enteras y borrarlas del mapa, hundir civilizaciones y borrarlas de la historia, de abrir la tierra en dos y atormentar a marinerxs con su furia y misterio. Las aguas bajan turbias, la sal deja llagas en los cuerpos, el río siempre cambia y la lluvia se precipita a los suelos con el solo fin de volver a transformarse.
II.
If I could have chosen where God would hide his heaven
I’d wish for it to be the salt and swell of the ocean
carried by the currents to all continents’ shores
reaching into the depths where the sun’s light is never shown
mixed with algae and coral, breathed in by sharks and dolphins
sailed by tanker ships, private yachts, swam in by tourists
working its way up through inlets, lakes, and rivers
swamps, and estuaries, down through limestone into the aquifer
purified by the county, pumped through pipes and out faucets
filled into a glass to meet the thirst of our children,“The Ocean”1
Esa capacidad que tiene el agua de transformar(se), de fluir y abrirse paso, es lo que rescata Laura Jane Grace en su canción “The Ocean”, la última pista del disco de 2006 New Wave, el cuarto de su banda punk Against Me!. Desde que tuvo consciencia de su propio cuerpo, y en su niñez vio a Madonna dando un show en su televisión o a Mia Farrow en Rosemary’s Baby, habitó en sí ese deseo de transformación y ese sentimiento de dualidad, de aparente incongruencia. Desde ese momento es que la feminidad se le apareció tan deseable como inalcanzable. Ella era un niño de 8 años, delgado y de pelo corto, cargando con el nombre de Thomas (el de su padre, y del padre de su padre, y así varias generaciones atrás), viviendo en un barrio militar en Texas en plenos años 80. En su autobiografía Tranny: Confessions of Punk Rock’s Most Infamous Anarchist Sellout, cuenta cómo, una vez, robó unas calzas del cajón de su madre y se escondió en el fuerte de almohadas que armaba en su habitación para probárselas. El tacto suave del nylon en su piel se sintió como una revelación del misterio que guardaba esa prenda que solo parecían poder usar su madre y otras mujeres. Al mismo tiempo, cuando la voz de su padre interrumpió el ensueño, se reveló en Laura el miedo de saber, casi inconscientemente, que estaba haciendo algo malo, indebido, desviado.

Encontrarse con un deseo prohibido es liberador e hipnótico, a la vez que altamente paralizante. Aparece casi como una epifanía que, inmediatamente, se choca contra una pared. La vergüenza de encontrarse con un deseo prohibido acompañó a Laura durante más de 30 años de su vida. Mientras mantenía una carrera musical en el mundillo del punk rock, pasando de la escena DIY (do it yourself, hacelo vos mismx) en sus primeros años a firmar con Sire Records, una división de Warner Music, albergaba en su interior a su verdadero ser, uno al que le daba vida registrándose en hoteles vestida de mujer y bajo el nombre de Laura, uno que no podía salir a flote en un submundo punk paradójicamente hipermasculinizado y conservador en cuanto a la expresión de género. En uno de los pasajes de Tranny cuenta cómo, una vez, estaba con sus compañeros de banda en un bar y entraron un grupo de mujeres trans, causando burlas cómplices que ella no podía ni quería compartir (There will always be a difference / between me and you2, “Drinking With The Jocks”)
And if I could have chosen, I would have been born a woman
my mother once told me she would have named me Laura
I’d grow up to be strong and beautiful like her
one day, I’d find an honest man to make my husband, “The Ocean»3
Si bien había llenado su discografía de referencias a las disidencias con el género que le asignaron al nacer (Confessing childhood secrets / of dressing up in woman’s clothes / compulsions you never knew the reasons to4, “Searching for a Former Clarity”; Sometimes at night I pray to wake / a different person in a different place5, “Pretty Girls”), en The Ocean aparece explícito, sin siquiera una metáfora. Laura pudo ser el océano en el que deseaba convertirse recién en 2012, cuando decidió presentarse al mundo como mujer luego de que una fan le dijera que esas letras que hacían una referencia a lo trans fueron inspiración para su propia transición. En 2014, retrató su coming out en el álbum Transgender Dysphoria Blues, donde reúne experiencias vividas usando como fachada el relato ficcional de una prostituta trans (Who’s gonna take you home tonight?6, “True Trans Soul Rebel”), acaso una forma de acercarse a la experiencia universal de la comunidad transfemenina, tantas veces empujada al trabajo sexual precario como única alternativa, las vejaciones, una esperanza de vida indignantemente breve y la violencia sobre el cuerpo (What’s the best thing you can hope for? / a blindfold and a ball gag / burned-out eyes, grotesque beauty / a nail through the feet and a nail through the hands7, “Osama Bin Laden As the Crucified Christ”), como relata Camila Sosa Villada en Las malas o Sean Baker muestra, con una síntesis inusitada de ternura, comicidad y humanidad, en su Tangerine.

Laura recupera lo que significa crecer como hombre, en ambientes de hombres, llevando una vida de hombre sin nunca hallarse cómoda en ese casillero, siempre mirando con un nudo en la garganta ese tatuaje en su muñeca que rezaba “Ramblin’ Boys of Pleasure”, que se hizo borracha en una gira con su amigo Brendan Kelly de la banda The Lawrence Arms. “Boy”, esa palabra que le devolvía la misma mirada que el mundo (Never quite the woman that she wanted to be8, “Paralytic States”). ¿Cómo encontrarse con la imagen de sí que quería conquistar? Más específicamente, ¿qué imagen quería conquistar? En su polibiografía Vaquera invertida, la autora trans-punk-comunista McKenzie Wark propone la fluidez, polisemia y multiplicidad de esas imágenes: la identidad de género, una forma de ser-en-el-mundo, es tan fluida como el agua, cambia según la (nuestra) historia y está marcada por dónde somos. Materialista dialéctica, McKenzie narra cómo vivió tantas expresiones de género como le permitió su tiempo, su camino de vida y su ambiente, desde el under gay masculino, el lesbianismo político, la vida rigurosa de la heterosexualidad al mundo punk, el hippy y la academia marxista.
Como Laura, McKenzie transiciona completamente en su adultez, sin renegar de las historias que le tocó vivir y los “yo” que le tocó ser. Y, como Laura, no responde a una feminidad hegemónica, totémica y totalizante (You’ve got no cunt in your strut / you’ve got no hips to shake9, “Transgender Dysphoria Blues”), ni al cis-passing, tan anhelado y despreciado a partes iguales (Cut her face wide open / shaved the bone down / then pumped her lips up exaggerated / a fucked up kind of feminine10, “Paralytic States”), sino a una propia. Incluso cuando eso sea más difícil de entender para un mundo cisheteronormado, como su propia esposa y madre de su hija, de la que se divorció luego de la transición (Chipped nail polish and a barbed wire dress / is your mother proud of your eyelashes? / Silicone chest, and collagen lips? / How would you even recognize me? / I don’t have the heart to match / the one pricked into your finger11, “Fuckmylife666”), o el endocrinólogo de Florida que no quería firmar los documentos correspondientes a su tratamiento hormonal hasta que no “se viera como una mujer”. “¡Compré estos jeans, esta remera y estos zapatos en una tienda femenina!”, respondía ella, hasta que un día fue con zapatos de taco aguja y maquillada como puerta para que el médico firme de una vez. Nunca volvió a vestirse así, por supuesto.

III.
En un capítulo especial de la primera temporada de la serie televisiva Euphoria, Jules Vaughn, una de las protagonistas, le cuenta a su terapeuta su deseo de abandonar el tratamiento con estrógeno que empezó en su preadolescencia. Busca abandonar la idea de feminidad que esperan los hombres que la desean sexualmente, una de delicadeza y pequeñez que quiso conquistar toda su vida. Afirma querer ser tan vasta y hermosa como el océano, una concepción de lo que es ser mujer opuesta a los roles de género tradicionales y más en consonancia con los versos que canta Laura en “The Ocean”.
La actriz, Hunter Schafer, colaboró con el guion reuniendo experiencias personales, dándole una mayor densidad documental al episodio, que va más allá de la mera experiencia de la identidad de género y trata temas como las relaciones afectivas y la salud mental. En Jules, como en Jimmie, la protagonista de los documentales I Don’t Know, de Penelope Spheeris, y Changes, del pionero del cine erótico gay Pat Rocco, habita la contradicción entre la reafirmación de lo femenino a través de las relaciones con hombres heterocis y el deseo de abrirse hacia una orientación sexual más fluida, menos heteronormada, más queer. Mientras que en Changes Jimmie afirma no sentirse atraída hacia mujeres, en I Don’t Know se retrata su relación con Dana; mismo la relación de Jules con Rue, McKenzie con una novia butch en su juventud o Laura nombrándose como lesbiana, lo que contradice el mandato heteropatriarcal y reaccionario, extendido incluso en la comunidad trans, que dicta a la heterosexualidad como única orientación posible y a las identidades de género como polos opuestos, totémicos, impenetrables y esencialistas. En Fenomenología Queer, Sara Ahmed retoma la idea de orientación como una forma de posicionarse en el mundo que nos rodea, en relación y hacia lxs otrxs, los objetos, el mundo y la historia. Por eso una orientación sexual no puede ser unívoca y unilateral, sino que depende del acervo de significaciones en común de las generaciones que nos preceden, del lugar que transitamos y habitamos y de las subjetividades que tenemos alrededor.
La puesta en escena hipersensual de Euphoria magnifica las sensaciones que enuncia Jules. La amalgama de iluminaciones y movimientos de cámara, junto a la estética videoclipera y el grano del fílmico de 35mm, dan por resultado una experiencia barroca que maximiza el efecto catártico del melodrama adolescente. El testimonio de Jules se siente a flor de piel mientras suena el concierto de La doble vida de Verónica, una película con el mismo espíritu de transformación y sensualidad que la serie y la canción de Against Me!. La película de Kieslowski, como tantas otras de su filmografía, trata sobre el sacrificio y las segundas oportunidades. Sobre dejar que algo muera para que algo más nazca de ahí, como sucede con las bailarinas en la escena de las marionetas. O como pasa con Weronika y Véronique. O Tom y Laura. Lo mismo que pasa con Jules.
Ser trans, muchas veces, también es llevar una doble vida. Es esconder la ropa que no queremos que nuestrxs xadres vean, desmaquillarse antes de que se despierten, o maquillarse solo en un ámbito que se sienta seguro. Es cambiar el tono de voz dependiendo de en qué espacio se esté hablando, o la forma de caminar, de moverse. Es tener que sentir a escondidas la suavidad del nylon o las cosquillas del encaje, mirarse al espejo deseando que se reacomoden partes del cuerpo, que algunas se llenen y otras desaparezcan. Desear achicarse, agrandarse, calmar las olas que rugen en el interior de unx.
IV.
Hay un mito griego que cuenta cómo Alcíone, amada de Ceix, quiso arrojarse al océano luego de que este hubiera muerto navegando. Por piedad, Zeus y Hera la transformaron en un ave llamada alción, que pone sus huevos durante siete días en el invierno, en una época en la que el mar se mantiene en perfecta calma. Los marineros llamaron a ese período los días del Alción.
There is an ocean in my soul / where the waters do not curve12 “The Ocean”
Los días del Alción, las aguas quietas, van a llegar cuando aprendamos a transformarnos, de la misma manera que el agua, que cae y renace. Cuando abracemos esa parte de nosotrxs que se abre paso y da vida. Cuando encontremos el placer de nombrarnos a partir de lo propio, hallemos en nuestro interior esa verdadera identidad que ruge por salir y romper como las olas contra la orilla. No more troubled sleep / there’s a brave new world / that’s raging inside of me13, “Fuckmylife666”.

Estos párrafos son apenas un esbozo, un sembradero de pistas que nos permitan encontrar la palabra que nos nombre. En lugar de detener el género y encapsularlo, dejémoslo que fluya, cambie, se apodere de nosotrxs y nos permita probar, experimentar, cruzar y volver. Yo tengo apariencia de hombre cis y todavía me cuesta explicarle a la gente que no me quiero nombrar así. También sucede que decir “soy mujer trans” o “soy varón trans” es más fácil de entender, para el grueso de la población, que decir “soy no-binarie”. Durante muchos años fue la forma que encontré de nombrarme, incluso cuando las turbulencias de la cotidianeidad me confundían, retraían y me hacían pensar que, quizás, era todo una fabulación, una farsa. Como Laura, cuando tapaba sus sentimientos de disforia con drogas, alcohol y giras interminables, creyendo que esa sensación desaparecería si adoptaba la vida de una música profesional con su esposa, su hija, su casa en los suburbios y su banda firmando con una discográfica comercial. Pero ese ahogo terminó cuando dejó salir a flote a su verdadero ser. Hoy decido escuchar el rugido de las olas y nombrarme como el celeste de las aguas de la Polinesia, del cielo, de los cuerpos que surcan el universo.
- Si pudiera haber elegido dónde Dios escondiera su paraíso / hubiera deseado que fuera entre la sal y el oleaje del océano / arrastrado por las corrientes hacia las costas continentales / llegando hasta las profundidades donde el Sol nunca brilla / mezclándose con algas y corales, respirada por tiburones y delfines / navegada por buques, yates, buceada por turistas / abriéndose paso entre canales, lagos y ríos / pantanos, estuarios, bajando entre las rocas hasta el acuífero / purificado por el condado, bombeada por tuberías / vertida en un vaso para encontrarse con la sed de nuestros niños
↩︎ - Siempre va a haber una diferencia / entre vos y yo ↩︎
- Y si pudiera haber elegido, hubiera nacido mujer / mi madre una vez me dijo que me hubiera llamado Laura / hubiera crecido para ser fuerte y hermosa como ella / un día encontraría un hombre honesto para hacerlo mi esposo
↩︎ - Confesando secretos de la infancia / sobre vestirte con ropa de mujer / compulsiones cuya razón nunca entendiste
↩︎ - A veces, en la noche, rezo por despertar / como una persona distinta en un lugar distinto ↩︎
- ¿Quién te va a llevar a su casa esta noche? ↩︎
- ¿Qué es lo mejor que podés esperar? / Una venda y una mordaza / ojos quemados, una belleza grotesca / un clavo en los pies y un clavo en las manos
↩︎ - Nunca del todo la mujer que quería ser ↩︎
- No tenés concha en tu entrepierna / no tenés cadera para menear ↩︎
- Abrió su cara en un corte / se afeitó hasta el hueso / después se infló los labios exageradamente / una forma rota de feminidad
↩︎ - Esmalte saltado y un vestido de alambre de púas / ¿Tu madre está orgullosa de tus pestañas / tus pechos de silicona y tus labios de colágeno? / ¿Cómo podrías siquiera reconocerme? / No tengo el corazón para complementar / aquel tatuado en tu dedo
↩︎ - Hay un océano en mi alma / donde las aguas nunca rompen
↩︎ - No más sueños turbulentos / hay un mundo nuevo / rugiendo dentro mío
↩︎





