Amidst all of these flashing lights
I pray that fame won’t take my life1
(Paparazzi)
Lady Gaga nació de su propio cuerpo roto, en una escena de sacrificio, ascenso y fractura donde no aparece como una figura que quiere ser vista, sino como una que no puede evitarlo. Desde The Fame (2008), su entrada al pop es una declaración de artificio, todo es plástico, látex, lentejuela, cuero, oro falso, un brillo deliberadamente berreta, una ostentación sin culpa, un lujo autoparódico que expone su propia trampa. Piletas gigantes, casas lujosas, piel bronceada, product placement, fiestas, elaboran una iconografía celebratoria del exceso, donde la fama es la sustancia que consume y la superficie que la sostiene. En ese laboratorio de artificio aparece Paparazzi, que da un primer origen de ese cuerpo roto y se formula la imagen central de su poética: el cuerpo que cae, el cuerpo que renace del dolor. Su amante la tira desde un balcón, se estrella, se rompe, pero al volver lo hace magnificada, enyesada, en muletas, sostenida por prótesis y flashes que titilan, ahí, la herida se convierte en su estética.
La fama nunca la mata del todo, el dolor se convierte en la materia misma de su visibilidad, la mujer rota como figura: en los VMA de 2009, cuando interpreta Paparazzi se desangra, colgada sobre el escenario como una mártir que se ofrece al sacrificio con placer. Mientras otras madres del pop son proyectadas hacia el brillo, ella se mueve en dirección contraria, hacia el abismo. En Gaga, la muerte no interrumpe la narrativa de éxito, es más bien fundacional. La suya es una genealogía de sacrificio femenino, heredera de un linaje de mártires del espectáculo: Marilyn, Judy, Sylvia/Work your blond Benet Ramsey/(…)Diana you are still in our hearts2 (Dance In The Dark). Cuerpos expuestos a la mirada, consumidos por la misma luz que los ilumina, porque el precio de ser vista es desarmarse. Gaga lo sabe, lo anticipa, y fundamentalmente lo desea porque en su universo la visibilidad es una forma de resurrección. Con The Fame Monster (2009) esa liturgia encuentra una forma más definida, la doble portada —una Gaga rubia, glamorosa, versus otra de pelo negro, con una sustancia negra brotando de sus ojos— sintetiza la fractura que la estructura. Si The Fame era la euforia del brillo, The Fame Monster es su resaca, lo que queda cuando los focos queman. La dualidad entre diosa pop y criatura diabólica se vuelve un eje, y la tensión entre el personaje y la mujer, entre Stefani Germanotta y su máscara, en el pulso que la sostiene.

La performance de su cuerpo herido atraviesa toda su obra, desde sus primeros videoclips hasta las puestas más recientes. Gaga muere una y otra vez, asesinada, sacrificada o entregada. Su cuerpo es violentado, transformado, desangrado, a veces por otros, a veces por sí misma. La repetición en cámara de esa muerte se vuelve coreografía del colapso, un ciclo donde el sufrimiento y el goce se entretejen. En Marry the Night, esa división se dramatiza como un acto quirúrgico. La introducción se sincera: soy toda ficción. E instala la idea del trauma como origen creativo: Clinical psychology tells us, arguably, that trauma is the ultimate killer. Memories are not recycled like atoms and particles in quantum physics. They can be lost forever. It’s sort of like my past is an unfinished painting and as the artist of that painting, I must fill in all the ugly holes and make it beautiful again3. Gaga aparece en una camilla, internada. La bulimia, el hospital, la locura, su fragilidad, todo es parte del mismo ritual donde su cuerpo es el lienzo. Cuando finalmente tiene el alta, se tiñe el pelo nuevamente de rubio en un acto que parece de autoflagelo, y vuelve a lanzarse a las calles, a la noche de Nueva York, a aprender los pasos de baile: I did what any girl would do — I did it all over again4.
Su metamorfosis es continua, en Born This Way (2011) Gaga ya no es solo una mujer, es parte carne, parte máquina, parte monstruo. En el video se da a luz a sí misma desde un útero tecnológico, rodeada de criaturas híbridas, la maternidad biológica es reemplazada por la autogeneración, parirse a sí misma como un manifiesto. La frontera entre lo humano y lo sintético se disuelve. Luego, en Yoü and I, reaparece como mujer biónica, con pies llenos de heridas, conectada a cables y electricidad. Sirena metálica, criatura en transición, cuerpo sin pies que intenta volver a la vida con la ayuda del amor y de la ciencia. La carne se funde con el metal, el deseo con la tecnología. Donna Haraway plantea la disolución entre humana/animal/máquina, y el devenir del cuerpo cyborg, que no anhela un origen perdido ni un cuerpo íntegro, más bien habita en esos intersticios; Gaga encarna esa condición, una autogeneración que elimina toda noción de pureza o linaje, no hay naturaleza a la que podamos regresar, no hay cuerpo original que restaurar. El cuerpo cyborg de Lady Gaga es el resultado de una acumulación de traumas y traumatismos, en una reconstrucción infinita. Cuando se inserta prótesis, cuando se convierte en moto, cuando mezcla la carne y metal, ese hibridaje le permite continuar más allá del dolor.

Finalmente Gaga rompe su cuerpo en vivo, ya no metafóricamente, sino en carne viva, durante una de las noches del Born This Way Ball en 2013. A punto de repetir por última vez el estribillo de Scheiße y antes de acercarse a la formación de bailarines, larga un alarido, gruñe. La línea de hombres repite la coreografía y ella, adelante, se arrodilla, golpea el suelo con los puños, niega con la cabeza, y aún así canta: I, I wish that I could dance/On a single prayer/I wish I could be strong/Without somebody there5. Respira profundo, sigue la coreografía arrodillada, sin piernas, en una canción que habla del deseo de bailar, vuelve a pararse y casi sin poder seguir el ritmo hace los últimos pasos, canta, suspira, pero siempre firme. Cuando termina la canción, agradece, dice buenas noches, nos vemos pronto y cancela el resto del tour. El diagnóstico llega poco después: fractura de cadera, una lesión acumulada por meses de giras y exigencias, un cuerpo erosionado por la máquina que es el espectáculo mismo de ser Lady Gaga. La cirugía y la rehabilitación la dejan con movilidad reducida. De esta nueva herida nace su dolor crónico, la fibromialgia, una enfermedad sin causa visible, sin cura, sin descanso. El cuerpo que antes había sido instrumento del exceso se vuelve su propio campo de batalla.
Meses después de la fractura presenta ARTPOP con un manifiesto radical: fuck you pop music, this is ARTPOP.6 En su película/video, aparece como una arpía, mitad mujer mitad pájaro, cazada, atravesada por una flecha. De su cuerpo roto brotan billetes, los hombres se disputan los restos, y de fondo suena: A hybrid can withstand these things/My heart can beat with bricks and strings/My ARTPOP could mean anything7. El arte como cuerpo híbrido, resistente. Entremedio experimenta con el cine industrial y el jazz, y luego aparece la malograda Joanne, donde el cuerpo se rompe por amor. Un alien que vuelve a la tierra a cara lavada, despojada de artefactos. Si en G.U.Y. cantaba When you touch me I die just a little inside/I wonder if this could be love8, en Perfect Illusion todo es desilusión: It wasn’t love, it was a perfect illusion9. Aparece la mujer “natural” que ya no se injerta cuernos en sus pómulos para ser bella, que ahora se expone en una desnudez fabricada para un público mainstream. Incluso en esa búsqueda de naturalidad persiste la herida, Joanne, la tía muerta joven de una enfermedad autoinmune, como metáfora de un duelo que nunca termina por cerrar. La naturalidad, en Gaga, se siente más como un disfraz.

En la pandemia, entremedio de sus incursiones como actriz y sus publicidades de Pfizer, lanza el disco Chromatica, que es a la vez un planeta de metal, fluidos coloridos y dolor, donde los religiosos rezan por la paz, y los punk luchan por el planeta. En 911 canta: This is biological stasis/My mood’s shifting to manic places10. Gaga alucina cuando no toma su antipsicótico. La locura, la medicina, la máquina, el cuerpo como sistema que ya no distingue entre química y emoción. En el video de Stupid Love, cuchillos caen del cielo y le atraviesan el muslo, justo donde lleva tatuado el unicornio de Born This Way. Aun así, baila. Acá Gaga vuelve a ser robótica, con garras y botas de metal, fragmentada, al ritmo del hiperpop/dance en choque con el contenido de sus letras, que lloran de dolor: The scars on my mind are on replay11 (Replay), Sick and tired of waking up/Screaming at the top of my lungs12 (Alice). El universo de Chromatica lleva al colapso esta etapa traumática, la saturación del color, el ritmo acelerado, los psicofármacos, el baile superpuesto a la debacle de su vida, todo compone una distopía emocional, un cuerpo sostenido por química, prótesis y voluntad. Gaga ya no distingue entre curarse y performarse. Si en Paparazzi la fama la arrojaba al vacío, ahora es su propia conciencia la que la fragmenta. La artista y la máquina se funden hasta que no queda diferencia, su mente es una pista de baile, su delirio, un loop.
De ese agotamiento nace Mayhem como el retorno de lo monstruoso. El cuerpo químico y prostético de Chromatica ya no puede sostener su equilibrio, las pastillas no alcanzan y el dolor vuelve, pero transformado. Mistress of Mayhem aparece como una figura doble, un espectro que viene a buscarla, es su sombra, su karma, la criatura que parió en cada herida, que no llega para destruirla, sino para recordarle que su cuerpo roto está multiplicado. Cuando a principios de este año anunció que daría un recital gratuito en la playa de Copacabana viajamos a verla con mis amigos y mi novia. En escena, ante dos millones y algo de personas y durante más de dos horas, Gaga se enfrentaba a sí misma, mujer contra monstruo, Stefani contra Gaga, en un show llamado The Art Of Personal Chaos13, dividida en capítulos. Pero no hay lucha posible que termine en victoria y Mistress of Mayhem no es el enemigo sino su reverso, la parte que sangra, que resiste, que goza en el caos. En ese combate consigo misma, sintetiza la paradoja del monstruo como espejo; para seguir viva tiene que volverse aquello que la hiere. Mayhem es la aceptación final del cuerpo fragmentado, del paso del dolor a la mutación. Nuevamente, no hay cura –tampoco la anhela–, baila y se regodea en lo oscuro, una máquina orgánica que debe dejarse poseer por la sombra.
En su performance, cuando lucha contra su doble, Gaga es herida y necesita la ayuda de manos gentiles que la ayuden a rearmarse, un casco de metal, hombreras, dos muletas. Con dolor vuelve a pararse mientras canta Paparazzi. Lo hace ahora más lento, en un desgarro, con la tela casi transparente de su vestido ondeando como bandera atrás, mira al cielo. Momentos después se disculpa por haber cancelado el recital años atrás, cuando por sus problemas de salud no pudo llegar a Rock In Rio, pero asegura que ya está mejor, más fuerte. Lady Gaga no encarna el colapso de una estrella pop, la falla de un sistema y su caída, sino la mutación de un cuerpo, de una mujer como figura cultural. Frente al agotamiento del cuerpo femenino como superficie sacrificial, decide volverse otra cosa —una criatura mixta, fragmentada, inestable— para seguir siendo ella misma. En el archivo de su cuerpo vejado quedan inscritos la exigencia, la maquinaria, la enfermedad, la tecnología y su propio deseo. Su cuerpo no tiene cura, es así, herida y motor al mismo tiempo. Ese movimiento de rodillas —seguir bailando incluso en un grito de dolor— es su forma de permanecer. Siempre se reprograma y en esa herida latente, en la carne que se abre para volverse metal, late todavía la posibilidad de una vida impura, híbrida.

Gracias a Luna Schvartzman por sus extensos conocimientos sobre Lady Gaga y por su lectura tan amorosa.
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- Gaga enumera a sus musas, figuras sacrificiales condenadas por una muerte trágica.
↩︎ - La psicología clínica nos dice que el trauma es el asesino definitivo. Los recuerdos no se reciclan como átomos y partículas en física cuántica. Pueden perderse para siempre. Es como si mi pasado fuera una pintura inacabada y yo, como artista de esa pintura, debería rellenar todos los huecos feos y embellecerla de nuevo. ↩︎
- Hice lo mismo que cualquier otra chica, lo hice todo otra vez.
↩︎ - Desearía poder bailar sin una plegaria, desearía ser fuerte sin nadie más.
↩︎ - Que se vaya a la mierda el pop, esto es ARTE POP
↩︎ - Un híbrido puede soportar estas cosas, mi arte puede latir con ladrillos y cuerdas, mi arte pop puede significar cualquier cosa.
↩︎ - Cuando me tocas me muero un poco, me pregunto si esto es amor.
↩︎ - No era amor, era una ilusión perfecta.
↩︎ - Esto es estasis biológica, mi estado de ánimo es maníaco.
↩︎ - Las heridas se reproducen en mi mente.
↩︎ - Cansada de despertarme gritando a todo pulmón.
↩︎ - El arte del caos personal. ↩︎





